Se niega clientela a dejar los plásticos

NVI Noticias

Por la renuencia de su clientela, la mayoría de establecimientos formales y el comercio en la vía pública de Oaxaca no suplen aún el uso de las bolsas de plástico, embalajes de tereftalato de polietileno (PET) o poliestireno expandido (unicel).

“Si no damos bolsa no vendemos. La gente se molesta cuando le pides que traiga un recipiente en donde colocar lo que compra”, dice con desánimo Valentina Florián, quien desde hace cinco años es propietaria de una miscelánea.

Mientras acepta la entrevista no deja de atender a su clientela y salvo una persona que trae un traste para comprar un kilo de frijol, la mayoría lleva empaques de plástico o incluso compra bolsas “de a metro” para la basura.

“Déme un vaso de unicel, el más grande que tenga”, pide una clienta a quien la vendedora de atole le pidió un recipiente para venderle la bebida caliente. Lo único que tuvo que pagar fueron cinco pesos, sin reparar que una vez que lo deseche, ese material tardará más de cien años en desintegrarse.

Lenta prohibición

Las repercusiones al medio ambiente por el uso de unicel y PET que conforman el 45 por ciento de los desechos, llevó a integrantes de la 64 Legislatura local a reformar en abril la Ley para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos Sólidos, la cual se publicó en el Periódico Oficial del Estado en junio pasado.

Además de que instancias de gobierno estatal y municipal tenían prohibido adquirir, usar o distribuir envases o embalajes de este tipo, los comercios en pequeño tenían un año para eliminar de su inventario los productos prohibidos y las tiendas de autoservicio o empresas refresqueras seis meses.

La prohibición entró en vigor el 22 de diciembre pasado, pero este miércoles la 64 Legislatura otorgó una prórroga de seis meses, es decir hasta junio próximo.

Quitarse la costumbre y la comodidad de “embolsar” la mayoría de cosas que se compran o servir en recipientes de unicel la comida para llevar, es un logro que Bertha duda llegar a ver.

Desde hace meses, la mujer, originaria de Tlalixtac de Cabrera, todos los días llega al mercado de La Merced a vender comida; comenzó a comprar paquetes de 50 platos biodegradables que le cuestan 25 pesos, pero de todas formas debe utilizar bolsas pequeñas para la salsa o el guacamole.

“Si no das bolsa no vendes”, afirma al explicar que hasta para diez pesos de tlayudas le piden bolsa aunque cobre un peso más.

Prefieren lo desechable

En ese mismo mercado de la ciudad de Oaxaca, Alicia no esconde su enojo. Por fin de año y a manera de calendario distribuyó cien bolsas de mandado que con un broche al frente se pueden doblar como si fueran carteras.

“De todas las bolsas que regalé nadie la trae, vienen y por más de dos gelatinas ya me piden bolsa de plástico, si no doy, me amenazan con no comprar”, se queja.

Desde su perspectiva, si la administración del mercado implementara la prohibición de PET y unicel, a la vez que coloque un aviso, todos los puestos tendrían que acatar la medida.

Alberto, quien ofrece su nieve en barquillos, considera que cuando el plástico o el unicel se deje de producir y comercializar “nos tendremos que acostumbrar y la gente va a tener que sacar su vaso o plato si quiere comprar algo en la calle”.

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