Por hambre y sed abandonan el campo en Tlapacoyan, Oaxaca

*Amenaza sequía a 32% de territorio estatal

NVI Noticias

El canto de las chicharras es fulminante; claman por agua. La desolación del campo está sembrado sobre cientos de carrizo inermes en una tierra hambrienta.

Las lluvias se alejaron desde noviembre del año pasado. La sequía avanza con la ferocidad que arrebata el alimento a sus habitantes. “Nos queda maíz para tres meses”, afirma Ricardo Torres, un campesino fervoroso a Dios.

Su terreno ya está preparado para la siembra. Lo ha peinado dos veces con el peso del tractor. Si las primeras lluvias no llegan pronto, se verá obligado a comprar el alimento durante todo el tiempo que tarde en llegar la cosecha.

En abril del año pasado, ya tenía milpas en crecimiento. Los campos estaban teñidos de un verde limón. Fue una de las mejores temporadas en muchos años. Hoy regresa la incertidumbre.

La sequía que avanza

La sequía amenaza al 32 por ciento del territorio estatal. Si no llueve en el corto plazo, el retraso en el inicio de las siembras golpeará la economía de la población campesina, quienes tienen en el trabajo su única fuente de alimento.

Con 188 municipios en condiciones anormalmente secas -además de Zapotitlán Lagunas con sequía moderada- Oaxaca concentra la mayor cantidad de los 899 municipios a nivel nacional en esta categoría de acuerdo con datos del Monitor de Sequía del Servicio Meteorológico Nacional al 31 de marzo.

Agua Blanca, agencia de Santa Ana Tlapacoya, municipio ubicado en el distrito de Zimatlán, está dentro de aquél margen. Sus habitantes confían en que las primeras lluvias caigan llegado mayo.

Con aquella fe que lo caracteriza, Ricardo Torres levanta el rostro al cielo, transparente e irradiante. El sol ilumina la rugosidad de sus 60 años de edad. “Todas las mañanas al levantarme le pido que llueva, y así como esa fé que tenemos nos vamos al campo, aunque sea a ver que siga ahí”, afirma.

Clamor de vida y muerte

Un perro ladra insistente. El eco recorre las calles que la migración dejó semivacías. Las chicharras continúan cantando la melodía que es vida y muerte a la vez, pues aquél clamor de agua con la lluvia se convierte en su deceso.

Otra de nuestras creencias es que cuando las lluvias ya van a venir, salen las ranitas del arroyo que tenemos. Hasta esta fecha no han salido. Ahí siguen, pero tenemos la confianza de que pronto las vamos a ver por aquí, en las calles paseando.

¿Y si no llegan las lluvias en abril?

Llegarán en mayo para estar cosechando en diciembre

¿Qué harán sin maíz durante ese tiempo?

Comprarlo a seis pesos el kilo

¿Y de dónde obtienen el dinero?

Engordamos un chivito o un marranito para venderlo y de ahí sacar.

Migración

En Agua Blanca, no hay mayores fuentes de ingresos que el campo. La agencia refleja severamente el fenómeno de la migración por las dificultades que atraviesan para seguir viviendo de las cosechas.

A medida que corren los años, el temporal se va haciendo más incierto. Décadas atrás, la población tenía hasta tres oportunidades marcadas para tener un ciclo de siembra exitoso.

La primera se intentaba en abril con las lluvias tempraneras, en mayo hacía otra y en junio la última, así, había mayor probabilidad de que todas o alguna de las tres fuera efectiva. Con excepción del año pasado, en el último quinquenio sólo han tenido una oportunidad por año, para sembrar.

Mermado el campo, la migración es la puerta más inmediata. Al menos una cuarta parte de sus habitantes dejaron la localidad para irse a Estados Unidos, Ciudad de México o alguna otra urbe.

Como una mancha que se expande, la calle separada por la carretera está prácticamente desprovista de pobladores. En ese punto quedan sólo tres casa habitadas. Una es éstas de la de Luis Alberto, un joven exmigrante que regresó hace 12 años para cuidar de su abuelo.

Él dejó su lugar de nacimiento cuando cuando aún no cumplía los cinco años. Fue llevado por sus padres a Estados Unidos en donde ellos radican .

Las razones que llevaron a la migración de la familia completa fueron la falta de fuentes de empleo y la irregularidad de las lluvias en el campo.

El censo de población del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) precisa que en la localidad habían 1 mil 950 personas. La proyección para el 2017 era de 1 mil 90, es decir la pérdida de al menos 50 habitantes.

Un estudio realizado por Margarita Alvarado Juárez, sobre la migración y remesas de La Ciénega Zimatlán, señala que en un contexto más amplio el distrito de Zimatlán manifiesta una pérdida importante de habitantes.

Por ejemplo, durante el decenio 1990-2000, ocho de 13 municipios que integran este distrito registraron tasas negativas de crecimiento. De acuerdo con el comparativo, La Ciénega ocupa el segundo lugar de despoblamiento después de Santa Ana Tlapacoyan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *