Los indígenas seguimos igual: don Samuel

 

El 12 de octubre de 1492 el marino Rodrigo de Triana, desde el mástil mayor de La Pinta, fue el primer español que avistó este continente que recibiría el nombre de América. Sin embargo, el descubrimiento, uno de los más importantes en la historia de la humanidad, no impresiona a don Samuel Juárez Ibañez.

“Los pueblos de Oaxaca eran mucho más inteligentes, avanzados. Los españoles no trajeron más que males”.

De tez morena, ajada y curtida por el sol, el hombre nativo de La Llanura, que en náhuatl se compone por las voces ixtlahuatl: «llano o llanura» y de ca: «en»; es decir Ixtlahuaca, asevera que los indígenas siguen como estaban entonces: explotados, con hambre, en la miseria.

En medio de edificios de cantera verde, de altos arcos, edificados por los españoles que poblaron la Verde Antequera y el Marquesado del Valle de Oaxaca –título nobiliario hereditario concedido el 20 de julio de 1529 por el emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico al explorador, descubridor y conquistador Hernán Cortés, gobernador y capitán general de la Nueva España, en reconocimiento por sus servicios a la Corona y especialmente en el descubrimiento y población de la Nueva España–, sonríe frescamente cuando se le cuestiona sobre el Día de la Raza.

«Jajaja, eso es una vacila; los indígenas seguimos igual de jodidos que antes»

Y para muestra, narra parte de su vida: “Yo salí de San Andrés Ixtlahuaca a los 18 años por la pobreza. Primero me fui a Guerrero y después jale para la frontera. Fui militar en Tecate, Baja California, me casé y estuve ahí más de 38 años.

Mientras se toma un pequeño descanso en la venta de sus productos, agrega que su vida ha sido difícil. “Como todos los que vivimos en los pueblos de Oaxaca”.

-¿Y Cómo le fue en Tecate?

-Pues bien y mal. Bien porque me enrolé en el Ejército, fui militar; mal, porque me metieron a la cárcel.

-¿Y por qué fue a la cárcel en Tecate?

-¡Ha! Es que me eche a dos. Me asaltaron por la frontera con Estados Unidos. Me dijeron: la lana o te matamos; yo traía la pistola y me los chingue. Corrí un poquito, pero me agarró la judicial en Tecate.

Ataviado con dos camisaa, una en tono rosa que porta sobre otra cuadriculada, pantalón café y zapatos negros que arrastra al caminar, expresa que en la cárcel aprendió a hacer cosas tejidas, bolsitas, monederos, muchas cosas.

“Me enseñó un paisano de Zaachila; él era el que mandaba ahí y llegaban los paisanos, eso sí era raza”. Él me enseñó este oficio, del que vivo honradamente”.

Agrega que después de su periplo por la frontera norte, regresó viejo a Oaxaca. “Como a los 70 años o más, y vea, ahora hago esto para comer”.

Aunque presume. “Yo hablo un poco de inglés, lo aprendí allá”.

Los hoyuelos de la nariz amplia y chata, enmarcada en arrugas que se desparraman a su alrededor, respiran agitados por el esfuerzo al caminar. “Ya tengo 90 años, ya me canso, pero qué le voy a hacer, de algo tengo que vivir honradamente”.

Para don Samuel el Día de la Raza, Día de la Hispanidad, Día de la Diversidad Cultural y demás denominaciones lo tienen sin cuidado. “No hay nada que celebrar, nos chingaron y ya”. Expresa mientras se despide de mano, “porque tengo que vender mis chacharitas”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *