Cadena de engaños con damnificados en el Istmo, Oaxaca

NVI Noticias

Doña Luz María García Santiago lleva la cuenta exacta desde el día en que se quedó sin hogar y en el desamparo: 389 días y contando. Desde entonces arrastra sus 69 años por el centro del municipio para suplicar a los funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) o del Cabildo que la apoyen a reconstruir su vivienda.

En el desvencijado corredor de lo que fueron las dos habitaciones de su casa recuerda que, después del sismo del 7 de septiembre, permaneció sentada en la banqueta durante mucho tiempo, en espera de una ayuda que no llegó.

“Desde ese día ando en la calle, ando con zutanita, duermo con la vecina, a veces me voy a quedar con mi hermana porque ya terminó su casita del Fonden, pues a ella sí le llegó el recurso; un día voy a dormir a otro lado, donde me agarre la noche”.

-¿Es usted sola?

-Tengo hijos pero están fuera y de todos modos estoy sola, todos los días estoy sola.

Con una energía que surge de la desesperación pregunta al aire: ¿Cómo es posible que a una mujer sola y de 69 años no la pueda apoyar el gobierno?

“¿QUÉ NO VIÓ MIS CHICHIS”

Sin soltar la bolsa de plástico, regalo del propietario de una pollería, donde guarda celosamente los documentos que trabajadores de la Sedatu le entregaron después de censar su vivienda, asevera que constantemente iba al banco para reclamar su dinero.

“Llegaba al banco, preguntaba y la respuesta siempre era la misma: ¡nada, nada, señora; aquí no está su nombre, no hay nada!. Ya vengo, qué voy a saber yo ni de qué ese, ni de qué otro”.

Después extrae los documentos de la bolsa y los muestra para corroborar lo que dice. El documento tiene el folio 00500070030, expedido el 12 de septiembre de 2017. Además entrega las dos tarjetas bancarias de Bansefi que no sirven para nada.

“No es posible que yo esté en la calle así, ponganse en mi lugar, que su familia estuviera así, es muy triste”.

-De seguro ni mi nombre escribieron bien.

-Sí, Luz María García Santiago, con número de cuenta 1205787151, de recursos del Fonden.

-Pero aquí hay un problema, le pusieron que su género es masculino y que nació el 1 de enero de 1999.

-Yo no sé leer, eso que lo arreglen ellos, soy analfabeta, por eso siempre les enseño mis papeles.¿Y qué es masculino hermano?

-Que es hombre.

-¿Masculino? No están viendo que tengo chichis, que tengo todo, y  estaba enfrente de ellos, ¡qué barbaridad!. Y nací el 26 de mayo de 1949.

-¿Pero le dieron algún dinero?

-15 mil pesos.

LAS ENFERMEDADES

De cuerpo moreno enjunto, cabello entrecano y piel reseca, señala que para comer tiene que laborar pintando piezas de barro. “A veces mi hermana o mi vecina me dan un plato de comida, cuando tienen. Otra vecina viene a dejar tamalitos, pero es una vergüenza andar en la calle, a mi edad, pidiendo de comer”.

-¿Cuánto gana pintando?

-Poquito, 50 pesos diarios, ni para una comida. Las vecinas me brinda a veces una comida, un café, un atolito.

Bajo cuatro horcones apolillados y sucios que sostienen viejas láminas galvanizadas, expresa que muchas veces se quedó tirada en ese lugar por sus muchas y penosas enfermedades; diabetes, hipertensión y alergia al polvo.

“Por dormir aquí me puse muy mal y las vecinas me debieron llevar al doctor, casi me muero”.

Manifiesta que desde el sismo anduvo en el palacio municipal como si fuera trabajadora. “Entraba y salía, pero puros mañana viene, pasado mañana, al rato, ve allá, ve al banco y como títere me traían. Ya no puedo hacer más, a veces hasta me pongo a llorar, hasta delante de ellos lloré, para que defender lloré, porque ya de plano me traen como trapeador de allá pa’ acá”.

NI EL TELÉFONO CONTESTAN

-¿Ha intentado volver a hablar con los trabajadores de la Sedatu?

-Sí pero ya no contestan el teléfono.

“Yo le dije a la cajera del banco que si tuviera dinero no necesitaría estar tras ellos todo este tiempo para estar bien, porque yo me pongo mal por mis enfermedades. Aquí estuve tirada muchos meses, no morí porque Dios es grande y tengo fe en Él”.

Comenta que una tarde que aguardaba en la banqueta la noche, unas personas pasaron y, al verla tan desamparada, le regalaron una casa de plástico, que el viento destruyó. “Pero qué así me quedaba, mis vecinos me decían que estaba enferma y no podía estar bajo el agua, por eso me salí”.

LOS ENGAÑOS

Frente a dos cuartos amplios de tabicón cuyas paredes sufren graves cuarteaduras, afirma que, cada que pretende conseguir el apoyo de funcionarios públicos, sólo recibe engaños. “Viene uno, me engaña; viene otro, me engaña; viene otra y aquí estoy esperando. Entrego papel, dame copia de credencial, del folio, saco la copia y así”.

-¿Son de gobierno o de organizaciones?

-No sé hijo, dicen que son Sedatu, que van a apoyar, que van a hacer la casa, que si tengo las tarjetas y voy al banco y nada, nada. Ya es un año de esto, ya se va el gobierno y no recibí nada.

-¿Y los 15 mil pesos?

-Están guardados por si hago la casa. Yo lucho para comer, es que quiero hacer un techo o es que voy a estar viviendo en la calle y enferma.

Dice que por eso va a continuar acudiendo al palacio municipal, al banco, a las oficinas de las organizaciones, hasta obtener el apoyo. “Aunque no sé leer voy a ir, porque no me da miedo preguntar o qué hay en esas bolas, total es el dinero que donaron muchas personas extranjeras para nosotros, los damnificados ¿o no?”.

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