La familia, soporte de personas con discapacidad

NVI Noticias

Por lo general, cuando esperan la llegada de un nuevo miembro, las familias imaginan cómo será y a quién se parecerá.

Un sinfín de ilusiones pasan por la mente de los padres en un instante y empiezan a crear una serie de expectativas.

El nacimiento de un hijo es, sin duda, un acontecimiento que cambia la vida de las personas. Sin embargo, la llegada de un hijo con discapacidad es un hecho inesperado e incomprensible para los padres.

La impresión en las familias es tal, que es inenarrable el sufrimiento que enfrentan, sobre todo para empezar a adaptarse a una nueva forma de ver la vida y lo que viene más adelante. La magnitud del impacto, depende del tipo de familia.

Valentina, la adoración de su familia

Valentina tiene 11 meses de nacida, es el segundo hijo de la familia. Sus padres esperaban con alegría el momento de su llegada. Los más allegados a ellos les preguntaban mucho sobre el embarazo, querían estar al pendiente de todo.

A Valentina los médicos le detectaron síndrome de Down, un tipo de discapacidad intelectual que la hace diferente a las demás niñas.

Su nacimiento quizás provocó rechazo en muchos, pero no así para su familia, pues para sus padres, Valentina representa su lazo de unidad.

Cristian Johana Gálvez Torres es madre de la menor. Aseguró que a su hija le detectaron discapacidad intelectual al nacer, lo que imposibilita o dificulta el desarrollo normal de una persona.

Dijo Johana que su hija integró más a su familia, pues todos sus integrantes la apoyan en algunas actividades para que ella no descuide la atención de la menor.

Aseguró que desde pequeña empezaron a integrar a Valentina a la sociedad porque no quieren que la vean distinta. Será diferente a otras niñas, pero en la decisión de salir adelante son similares.

“Mi hija, a pesar de su discapacidad, es la adoración de la familia; todos la quieren, más nosotros como padres”, expresó Johana.

Andrés, inquieto e inteligente

Roberto Villalobos Mendoza es médico de profesión; se da tiempo entre sus actividades para acompañar a su hijo Andresito, como le dicen de cariño, al Centro de Atención Múltiple número 35 de Tehuantepec, a recibir sus primeras enseñanzas.

Andrés tiene 11 años y todos los días asiste a la escuela. “Es un niño muy inquieto por su discapacidad, pero también inteligente”, afirmó el padre.

Don Roberto, al igual que las madres de otros alumnos, busca en qué entretenerse mientras espera a su hijo salir de clases. Todos son como una sola familia, comparten un mismo sentimiento, el amor de padres.

El padre de Andrés afirmó que trata de estar el tiempo necesario con sus hijos, pues su profesión es muy estresante.

Piden sensibilidad al gobierno

Martha Orozco es madre de un hijo con discapacidad física. A diferencia de otros padres de familia, ella tiene dificultades para llevar a su niño a la escuela.

Su hijo no camina, utiliza silla de ruedas. Cada vez que puede acude a la escuela, porque el ingreso familiar no alcanza para llevarlo diario; no da para más, asegura.

Expresa que le gustaría que los gobiernos sean más sensibles y velen no sólo por la gente normal, sino también por las personas con discapacidad.

“Es importante que la escuela cuente con su propio autobús que pueda llevar y traer a nuestros hijos de sus domicilios”, dijo.

Comentó que su esposo es campesino y no cuenta con ingresos, lo que imposibilita llevar a su hijo todos los días a la escuela.

El CAM 35 enfrenta carencias

El director del CAM 35, Israel Reyes Hernández, indicó que esta escuela brinda atención a niños de los niveles maternal, preescolar y primaria. Brinda atención a personas que padecen discapacidad múltiple, visual, auditiva o motriz.

“Muchas familias no tienen recursos ni para comprar a sus hijos los medicamentos o algún aparato para apoyarse para caminar”, sostuvo.

El CAM enfrenta carencias y padece la falta de apoyo de los gobiernos para cubrir sus necesidades, para fomentar el aprendizaje de los niños y puedan involucrarse en una actividad laboral.

Una persona con discapacidad se adapta a las circunstancias en que se desenvuelve, incluso desarrolla habilidad en sus movimientos, pues aprende a vivir con lo que tiene.

Según datos del Inegi, la región del Istmo está entre los primeros 6 lugares a nivel regiones en el estado, de personas con algún tipo de discapacidad.

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