Alfareros, los otros damnificados en el Istmo, Oaxaca

NVI Noticias

Si algo distingue a Asunción Ixtaltepec es la belleza y perfección con la que sus maestros alfareros entregan las más hermosas piezas. En ellos existe la magia para moldear el barro y crear caprichosas formas. La venta es prácticamente regional; sin embargo, desde hace casi ocho meses, este sector productivo, generador de empleos, enfrenta una grave situación a raíz del terremoto que el 7 de septiembre sorprendió a los istmeños y enlutó varios hogares en esta generosa tierra.

José Luis Jimenez Cabrera, cariñosamente conocido como don Pepe, es un maestro alfarero de 62 años de edad. E el tercero de su generación. Su taller se encuentra ubicado en la calle 20 de Noviembre de la colonia Santa Rita.

El hombre, que es sustento de su hogar, contó cómo ha sido difícil la recuperación y ascenso de su oficio, luego de siete meses y medio de incertidumbre; primero, aceptar la desgracia e intentar reponerse. El sismo no solo derrumbó viviendas, también afectó los talleres.

Herencia valiosa

Don Pepe comenzó en el oficio desde los 12 años de edad, aprendió de su padre y de su abuelo. En un principio, recuerda, le enseñaron a hacer ollas para después elaborar piezas un poco más caprichosas y laboriosas. La técnica la ha ido perfeccionando al paso del tiempo.

Cuando llegó el momento de sentar cabeza, don Pepe eligió seguir su propio camino, al lado de su nueva familia. Y desde entonces, la alfarería ha sido su fiel compañera. Ella le ha proporcionado la satisfacción de ver crecer a sus hijos, y de tener una vida, si no llena de lujos, con lo suficiente para vivir.

Don Pepe recuerda cómo fue el sismo del pasado 7 de septiembre. El brutal movimiento de la tierra devastó su taller. El terremoto más intenso en los últimos 100 años en México arrasó con todo. Derribó el horno, al que le cayó la loza, destrozándolo con todo lo que adentro tenía.

En el horno que utilizaba don Pepe para cocer sus creaciones, era posible meter 10 ollas grandes, 50 maceteros y dos docenas de cazuelas, entre otros artículos; por lo tanto, se trataba de un horno grande, quizá de los de mayores dimensiones en todo Ixtaltepec. Valía por sí mismo, y valía por las piezas que estaban dentro de él esperando ser pulidas, pintadas y entregadas a los clientes, o exhibidas en los mercados regionales.

“Ese trágico día perdí toda mi mercancía, incluso pedidos de meses de anticipación, pasé dos meses para poder comenzar a trabajar de nuevo; el problema continuó al no poder cumplir con mis clientes que me habían dado anticipos, pero que comprendieron al ver la desgracia que sufrimos en ese fatídico día”.

Agregó que poco a poco han salido adelante, y que ha sido difícil, pero que el esfuerzo bien ha valido la pena.

Sigue la incertidumbre

A ocho meses de ese trágico día, que cobró la vida de al menos 12 personas en este municipio zapoteca, poco a poco todo está volviendo a la normalidad, aunque aún persiste el miedo y la incertidumbre de que ese día se repita.

Asunción Ixtaltepec fue el segundo municipio más golpeado por el sismo del 7 de septiembre; se cayeron más de cuatro mil viviendas; 15 días después, con los sismos del 23 de septiembre, un puente colapsó y sumió a la población en un casi permanente temor. Durante la primera semana, posterior al terremoto, no dejaban de escucharse fuertes retumbos que no solo causaban pánico, sino que se acrecentó la sospecha sobre la formación de un volcán, hecho que fue finalmente descartado por expertos de la UNAM.

Ixtaltepec, al igual que el resto de los municipios istmeños afectados por los terremotos, trata hoy de salir adelante. Alentado por la alegría de su gente, y aunque el proceso de reconstrucción avanza lento, los ixtaltepecanos hacen frente a la situación y no se rinden. Es el caso de don Pepe, el maestro alfarero, que pese a todo, le pone corazón a su oficio.

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