La Estación, donde aún se practica el trueque

*Es fácil encontrar armadillo, iguana, huevo de tortuga, camarones, pescado, carne de res y puerco, flores, además de artículos de peltre, platos, vasos, calzado y ropa y hasta discos compactos

El imparcial

Variedad de sabores, olores y un sinfín de artículos comienzan a circular a muy temprana hora en los pasillos del mercado 7 de noviembre La Estación que se fundó en el año de 1967 en Unión Hidalgo, las mujeres visten en su mayoría con huipiles y enaguas floreadas, llegan bien peinadas y olorosas para ofertar sus productos, en donde el trueque se privilegia como intercambio de alimentos y bebidas, los comensales disfrutan de comidas que van desde iguana, armadillo, tamales, dulces típicos y antojitos.

La Estación, como conocen los pobladores de Unión Hidalgo, al mercado 7 de Noviembre fue impulsado por Miguel Toledo Manzo quien se desempeñaba como representante de un grupo de comerciantes y Jesús Santiago, jefe de La Estación de ferrocarriles en esta localidad.

El objetivo primordial de sus impulsores fue crear un espacio de vendimia para mejorar los ingresos familiares de las mujeres y también proporcionar alimentos a los viajeros y turistas que recorrían en el tren la estación de Ciudad Ixtepec al estado de Chiapas.

Este rincón de nutrida gastronomía zapoteca guarda recuerdos del ferrocarril, cuando en sus tiempos gloriosos de los años setenta y ochenta, miles de pasajeros descendían de los vagones para disfrutar de los antojitos y bebidas tradicionales que más de 200 mujeres ofertaban entre ellas, Tomasa Matus Santos quien aguarda la hora exacta -7:15 horas – el tren pasaba por este pueblo, silbaba fuertemente y se detenía, de inmediato todas ofertaban sus productos.

Tomasa comenzó sus vendimias a los 14 años de edad, actualmente tiene más de sesenta años y todavía oferta sus tamales de elote, el recuerdo llega a su mente de las vivencias que han tenido principalmente cada 7 de noviembre en el que año con año celebran un aniversario más de su mercado que significa su todo.

“Cambiamos ropa por comida, otras, verduras por bebidas, queso por pan, tortillas por iguana, armadillo por pescado, en fin, le tenemos que buscar para llegar a la casa con algo, no es fácil, pero aquí seguimos, es nuestra vida, muchas son amas de casa, otras profesionistas jubiladas y otras jefas de familia, son las mujeres de Ranchu Gubiña las que se emplean a diario en este lugar”, detalló.

En este año, Tomasa y sus compañeras cumplieron 49 años de haber formado un espacio de vida e ingreso familiar con sus ventas y la ayuda de su esposo pudo criar a sus nueve hijos, quienes hoy en día son hombres y mujeres de bien para la sociedad zapoteca de Unión Hidalgo.

La jornada de la comerciante comienza a las 2:00 horas y junto con su esposo desgranan los elotes, prenden fuego al horno de comixcal y elabora los tamales de elote, a las 7:00 horas llega y se va como a las 14:00 horas.

Vender y ser comerciante para Tomasa es uno de las mejores actividades como mujer, porque es el momento en que saluda a sus amigas, platica con sus clientes y le sirve de terapia para los problemas.

La vendedora no se ve haciendo otra actividad, a pesar de que sus hijos le han dicho que deje de ir al mercado, para ella sería su muerte.

Diciembre es la mejor fecha para las comerciantes, anhelan que llegue la fecha porque es cuando venden más, llegan más turistas locales y también amigas y amigos que viven en otras partes de la República a visitar a sus familiares y lo primero que llegan es visitar el mercado de La Estación.

Para las comerciantes no hay día de descanso, laboran los siete días de la semana y todos los meses del año, hay jóvenes y también adultas con más de 75 años como Na Jesusita Cruz, quien fue fundadora y actualmente vende queso y crema fresco.

El arroz con leche, las empandas y el agua de horchata es el antojito preferido por los comensales y existe la creencia que “quien no disfruta este platillo es porque no visitó el mercadito de La Estación”.

También es fácil encontrar armadillo, iguana, huevo de tortuga, camarones, pescado, carne de res y puerco, flores, además de artículos de peltre, platos, vasos, calzado y ropa y hasta discos compactos.

A este mercado no sólo ofertan sus productos las mujeres de Unión Hidalgo sino también de otras comunidades como San Dionisio del Mar, Huamuchil, Santa María Xadani, El Cazadero y Chicapa de Castro.

Los comensales también no sólo son de Unión Hidalgo, sino también de Juchitán, Salina Cruz, Ciudad Ixtepec y turistas de todo el país en la temporada de vacaciones.

Cada una de las locatarias aporta de dos a cinco pesos de cooperación diaria a la tesorera de la mesa directiva, con la finalidad de ver por las mejoras del sitio.

En este lugar, más de tres décadas fue un espacio rústico, donde las mesas y bancos de madera lucían en cada uno de los espacios divididos de un metro y medio cada uno, donde el techo era totalmente de lámina de cartón.

En el año de 1996 con la muerte de Ferrocarriles Nacionales y sus pasajes comerciales, este mercado sufrió una aparente decadencia, sin embargo, se reactivó y de nueva cuenta resurgió y se ha logrado mantener.

Israel Sánchez Matus, vecino de este lugar y quien laboró durante muchos años como ferrocarrilero recordó que los años maravillosos fueron los setentas y ochentas, cuando infinidad de personas que viajaban al estado de Chiapas y viceversa se detenían para comer y disfrutar de los sabores que cocinaban las mujeres de Unión Hidalgo.

“Visitaban muchas personas, recuerdo que cada 7 de noviembre el tren pasaba y tiraba petardos, prendían cohetes y había mucha algarabía, las locatarias esperaban con gusto este día, actualmente siguen festejándolo porque es un espacio que les ha dado mucha identidad, que les ha ayudado a mantener a su familia económicamente y es un espacio de entretenimiento para ellas”.

Actualmente, el mercadito se ha renovado y a pesar de que no goza de luz eléctrica, algunas autoridades municipales se han encargado de realizar el techo y las bancas de concreto para darle una mejor vista y mayor higiene a los productos que se ofertan.

Las locatarias, que en un 98 por ciento son mujeres y sólo dos hombres (El señor de los tacos y las verduras) cumplen una jornada de ocho horas, llegan a las 6:00 de la mañana y se van a las 2:00 de la tarde.

Ellas valoran su libertad y ser jefas de familia, aunque señalan que “no hay de otra” porque siendo vendedoras no gozarán de pensión para el retiro, seguro social y aguinaldo.

Naima Azair Martínez, es otra de las tantas locatarias de mayor trayectoria, se ha dedicado por más de 42 años a la venta de pollo crudo, oficio que heredó de su madre, Juanita Martínez López, una de las fundadoras de este mercado público.

Relató que los tiempos de gloria eran cuando el ferrocarril circulaba con pasajeros, cuando del tren descendían cientos de personas de otros sitios, compraban comida y se iban a su lugar de origen o su destino.

Ahora aseguró sólo el recuerdo del silbido del tren es lo que viven, porque sólo transita por carga una sola vez al día.

“Recuerdo que dos kilómetros antes escuchábamos el silbido del tren, de inmediato comenzábamos a preparar la vendimia, en mi caso, llenaba en bolsas los pollos, algunos enteros otros por pedazos, la compañera de las empanadas tenía listo los platos de cinco y diez pesos, asimismo, las del agua de horchata y limón y qué decir de la de los tamalitos de elote con crema y queso, en fin esos recuerdos nadie los borrará mi mente, sino de mi corazón”, expresó.

A Naima, su vida ha sido en el mercado de La Estación, se ha hecho de amigas y comadres y también de ciertas separaciones y divisiones que se ocasionan cada que hay campañas políticas, que al terminar regresan de nuevo a la normalidad.

Para las locatarias, el sol, la lluvia y el viento fuerte que sopla en los últimos meses del año no impide trabajar, la temporada de vacaciones y fechas especiales del calendario es cuando más venden, la vida no es fácil pero se han podido superar, porque la pasión y el amor por la sobrevivencia superan toda crisis económica.

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